Primero moverse, luego pensar

Viene a ser la máxima clásica del poeta romano Juvenal, Mens sana in corpore sano, pero con el matiz aclaratorio de que el ejercicio físico debe preceder al ejercicio mental para que éste sea más eficiente.

Empezar a pensar desde la inmovilidad es iniciar la explicación teórica sin ninguna referencia práctica, totalmente especulativa, desconectada de cualquier realidad; la realidad inmediata la confiere la interrelación con el medio, y ella siempre se da mediante la intervención del cuerpo, es decir, a través del movimiento, de la acción. Hago, luego existo.

Podríamos decir, pues, que el pensar perezoso, el que antes ha rehusado una acción moderada, que le permita “ponerse en forma” a nivel físico, es un pensar vicioso, defectuoso, que no puede llegar a buen fin, pecaminoso, según la religión cristiana.

El Cogito ergo sum (Pienso, luego existo) de Descartes, podríamos parafrasearlo también en Me muevo, luego existo. Siendo el movimiento una de las características más evidentes de la vida animal. Es una prueba objetiva de existencia. El pensar es algo subjetivo, sólo evidenciable a través de la palabra. El pensamiento inmóvil, sin mediar ningún tipo de acción previa, supone un pensamiento muerto, totalmente desconectado de la realidad inmediata. Sería un pensamiento del nivel vegetal, vegetativo.

La meditación en postura inmóvil, precisamente, facilita la desconexión mental, sirve para liberarse del exceso de pensamientos inútiles, que no tienen nada que ver con la propia realidad, a base de focalizar la atención. Tras el periodo de inmovilidad propio de ese tipo de meditación, para reconectarse con el entorno, hay que volver a la movilidad de forma lenta y consciente, que facilite una actividad mental suave, sin excesos ni deficiencias.

La meditación en movimiento (Tai chi, danza giróvaga, meditación dinámica, danzas sagradas, etc.) agrupa un conjunto de técnicas oportunas para su aplicación práctica en momentos en que queremos controlar la mente desde el cuerpo, sin dejar que se desborde, destilar la esencia del pensamiento con los elementos justos y necesarios de acción y emoción. La acción se genera a partir del movimiento de las piernas y la pelvis, la emoción del de la zona torácica, y esas dos zonas principales, junto con el movimiento de la cabeza, conforman la tríada del movimiento humano completo (pensamiento, sentimiento, acción). Si faltara la participación de la cabeza, el pensamiento sería del nivel animal, descabezado, descerebrado.

La meditación en movimiento es una actividad más cercana a la vida cotidiana que la meditación inmóvil, pero esta última a veces se hace necesaria para lograr desconectar (o reconectar con uno mismo) cuando el grado de “desconexión” con la realidad es elevado. Podríamos decir que la meditación en movimiento es la actitud propia del ser humano en la ejecución de cualquier actividad (excepto el sueño), que siempre presupone un cierto movimiento natural; ese movimiento lejos de distraernos debe ayudarnos a concentrar mejor nuestra atención en aquello que es esencial de la propia acción.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s