El movimiento corporal como lenguaje

Expresarse con el cuerpo es como escribir en el espacio. El espacio es la página en blanco donde el cuerpo convertido en cálamo (pluma escritora) despliega su personal caligrafía espacial.

Existen unas normas para la ortografía del movimiento corporal, que hay que seguir y respetar para que la expresión corporal sea inteligible/comprensible para el observador. Esas normas que regulan la expresión corporal no son aleatorias, sino que conforman un cuerpo de conocimiento ancestral, patrimonio implícito de todas las culturas tradicionales, que aún hoy en día se pueden recuperar observando determinadas manifestaciones folclóricas; manifestaciones que, dentro de su marco cultural de origen, se rigen por unas reglas tácitas, que todo el mundo dentro de dicho contexto cultural reconoce, aunque muchas veces sin ser conscientes de ellas, ni los artistas ni los espectadores.

Esas expresiones folclóricas (en forma de bailes, danzas, rituales,…) –repetimos, dentro de su marco cultural de referencia, no fuera de él- eran capaces de transformar la percepción de la realidad y provocar estados alterados de consciencia (o estados de consciencia no ordinaria), tanto en los ejecutores (activos, los danzantes) –llegando a estados de trance o éxtasis- como en los observadores (pasivos) –a través del fenómeno de la catarsis, bien conocido como efecto purificador en los espectadores de las tragedias griegas.

La danza, al igual que el teatro clásico –a diferencia de otras artes más modernas, como el cine o la música gravada en estudio p.ej., que pueden reproducirse a voluntad, con independencia del contexto-, es un arte efímero, que dura el tiempo que se ejecuta, y su efecto se produce en ese acotado periodo, aspecto que comparte precisamente con ciertas prácticas espirituales como la construcción de los yantras hindúes, usados en el Yoga y el Tantra, y los mandalas budistas.

Si bien es cierto que en muchos bailes folclóricos la esencia se ha perdido, y sólo queda la repetición monótona o estandarizada de ciertos pasos, que ya no contienen por tanto su capacidad original de transformación, visionando algunas danzas étnicas auténticas o analizando ciertos bailes tradicionales todavía se puede llegar a apreciar la pervivencia de las constantes comunes presentes en toda expresión del cuerpo en movimiento, que configuran de forma discernible esas normas de la ortografía cinética o motora.

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