La ambientación en las clases de trabajo corporal de Aziza

Para entrar en el espacio donde se hacían las clases[1] nos cambiábamos de ropa, nos despojábamos de la ropa de calle, nos vestíamos con ropa especialmente blanca (solían ser dos prendas, pantalón largo y camiseta o similares). El blanco nos uniformizaba a todos los asistentes, sin marcar diferencias aparentes. Además, el blanco lo relacionábamos con el color de la pureza. Es un color muy utilizado en el contexto de muchas prácticas espirituales.

Entrábamos, pues, al vestuario en ropa de calle, y entrábamos a la clase en ropa “pura” homogeneizada.

La ambientación del local donde se realizaban las clases era algo que Aziza cuidaba mucho, era su Feng-shui original; consideraba que era una parte importante para que el trabajo se desarrollara adecuadamente. Ella refería su experiencia anterior en interiorismo, que le daba un cierto bagaje para tener más recursos a la hora de ambientar el espacio. Era algo personal, difícil de transmitir, para lo que no recuerdo que en ningún momento nos diera pautas concretas. Nos lo encontrábamos hecho al llegar, suponíamos que estaba en relación al trabajo a ejecutar ese día. Los cambios de un día a otro, de una clase a otra, tampoco eran importantes, más bien sutiles, llegando a una ambientación más o menos fija para la mayoría de sesiones.

Desde el olor, a base de inciensos y agua de azahar sobre todo, la iluminación suave, aprovechando siempre la luz natural pero no de forma estridente, el color de los objetos, el silencio. Hay que decir que no utilizaba música de fondo, sino sólo para los ejercicios específicos.

El mobiliario era muy sobrio, el mínimo necesario. No había sillas, nos sentábamos en el suelo, que era de parquet de madera (en su casa), con algún cojín si lo necesitábamos, o colchonetas/tatamis (en los gimnasios). No había mesas o alguna pequeña, donde se colocaba el material a utilizar o, si no, directamente en el suelo. Alguna lámpara. El aparato de reproducción musical, y algunos casetes originales y grabados (en esa época todavía no existían los CD).

El ambiente acompañaba a la interiorización, a la auto-observación, a la conciencia.

[1] Durante una larga temporada se realizaron en diferentes gimnasios de Palma de Mallorca, en espacios ya preparados para ello, con tatamis en el suelo y ambientación convencional; posteriormente, las clases se realizaron en su casa de la zona de El Terreno, en Palma de Mallorca, donde Aziza pudo acondicionar más el ambiente a su criterio.

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