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EL CUERPO

La discusión sobre si somos o tenemos un cuerpo es muchas veces equívoca y cansina. Pero me gustaría hacer una pequeña aportación para concluir que efectivamente somos un cuerpo. Es decir, que con esta afirmación entendemos mejor nuestra condición que con la contraria, que afirma que tenemos un cuerpo.
La sociedad griega parece que entendía que cuando nos moríamos la psyque continuaba un tiempo en un proceso de evaporación progresiva, hasta que desaparecía. Pero frente a esta opinión imprecisa aparecen dos formulaciones claras : una dualista y otra materialista. La dualista es la pitagórica-platónica : somos una alma eterna e indivisible que moramos en un cuerpo divisible. Hay que decir, de todas maneras que aquí cuerpo quiere decir una estructura física que recibe la vida del alma. Es decir, el cuerpo vivo es un cuerpo animado. La teoría materialista procede del atomismo y el que la elaborará primero será Epicuro y posteriormente Lucrecio en la época romana. Como sabemos nuestra civilización europea surge del encuentro entre esta tradición grecorromana y el cristianismo, que viene a ser una reforma del judaísmo, y que procede del Próximo Oriente. El cristianismo habla de la carne y el espíritu pero la formulación claramente dualista la hará a partir del planteamiento platónico. Queda entonces una concepción dualista basada en la diferencia entre alma y cuerpo, espíritu y materia.
Pero será Descartes el que formulará este dualismo en términos modernos. Somos una substancia pensante y una substancia extensa. Pero Descartes introducía una importante variación con respecto a Platón. El cuerpo no continúa siendo un cuerpo muerto, como en Platón, sino un cuerpo vivo porque es mecánico y la vida es un mecanismo. El vitalismo va perdiendo la vida frente al mecanicismo y la medicina se planteará en estos términos de arreglar piezas y mecanismos. Cuerpo muerto, cuerpo mecánico.
Evidentemente, no podemos identificarnos con ninguno de los dos y nos llevará a decir que no es lo que somos sino lo que tenemos.
 Spinoza planteará otra opción. La Substancia, es decir la Realidad infinita, se manifiesta a través de dos atributos finitos : pensamiento y extensión, alma y cuerpo. El cuerpo recibe así la misma dignidad que el alma. El alma es la idea del cuerpo, es decir, ilumina el cuerpo. El ser humano es libre en la medida en que este cuerpo recibe una idea adecuada de sí mismo. Lo singular de cada individuo es el acto existencial de un cuerpo pensante. Lo que hace la mente es conocer el cuerpo a través de sus afectos.
 Serán Schopenhauer y Nietzsche los que darán la prioridad al cuerpo. El cuerpo es voluntad de poder, es un campo de fuerzas. Schopenhauer lo valorará negativamente y Nietzsche positivamente, pero no importa, no es esto de lo que hablamos. El cuerpo se convierte en algo vivo del que la conciencia (“el alma”) es su elemento más superficial.
El espíritu, lo mejor del hombre, es expresión de este cuerpo, de esta estructura dinámica y compleja.
 Las neurociencias han intentado en algún caso, como el de John Eccles, mantener una postura dualista. Otros lo han hecho en términos materialistas, como Antonio Damasio. Pero Damasio sigue hablando de cuerpo, cerebro y mente. Considera el cuerpo como algo separado del cerebro, y a la mente como un producto del cerebro, pero le falta esta visión integradora, le falta decir que el cerebro es un aspecto del cuerpo y que la mente es una red de representaciones cargadas emocionalmente. Un imaginario del cuerpo, por decirlo como Castoriadis. Pero un imaginario lingüístico. Este cuerpo es un cuerpo socializado que interactúa con los otros cuerpos. John Searle, Roger Penrose, Daniel Dennet buscarán maneras de explicar la mente desde el cerebro. El único que es capaz de plantearlo en los términos adecuados. Somos un cuerpo, dice, un cuerpo eneactivo, una cognición corporizada. Porque el cuerpo no es mecánico, el cuerpo es un campo de significaciones y afectos. Valera busca en el budismo una afinidad. Lo hace desde el budismo indio de Nagarjuna y la tradición Madhyamika. Pero a mí me recuerda sobre todo la tradición soto del budismo zen de Taisen Deshimaru y su hincapié en el cuerpo . La actitud correcta, la respiración correcta, la postura correcta. Desde el cuerpo.
Aquí también quiero citar al sinólogo y filósofo suizo Jean François Billeter, que habla de Zhuangzi y dice que se centra en el cuerpo entendido como un conjunto de capacidades, recursos y fuerzas.
Este es mi cuerpo, éste soy yo. Pienso que la negativa a esta afirmación es consecuencia del pensamiento heredado por el dualismo. En todo caso y como complemento valga el análisis lacaniano del cuerpo. Hay el cuerpo simbólico, en el que el cuerpo es el sujeto de una enunciación. Cualquier cosa que diga sobre mi cuerpo (ser o tener, no importa) es posible porque hay un sujeto de la enunciación, hay alguien que habla. Sin este alguien (el sujeto vacío, el que habla) nadie es ni tiene un cuerpo. En este sentido “no somos un cuerpo” porque esto es una afirmación que hacemos desde el lenguaje. Hay el cuerpo imaginario, que es la imagen superficial nuestra y del otro, la que vemos reflejada a través de los sentidos, que es como se nos aparece el cuerpo del otro. Está finalmente el cuerpo del goce, que es el cuerpo que siente y que sufre.
Autor: Luis Roca Jusmet